Huellas de otros tiempos


“El tejado y la luna. La ventana y el viento. ¿Qué quedará de todo ello cuando yo me haya muerto? Y, si yo ya estoy muerto, cuando los hombres de Berbusa al fin me encuentren y me cierren los ojos para siempre, ¿en qué mirada seguirán viviendo?

La lluvia amarilla. Julio Llamazares

Se dolía Andrés, el protagonista de La lluvia amarilla de Llamazares, del desaparecer de los recuerdos de los hombres de la montaña cuando la España rural comenzó a vaciarse y, especialmente de Ainielle, su pueblo, del que él era el último morador. Temía que a su muerte nadie recordara la vida en un lugar como aquel. En definitiva; que no hubiera nadie que viviera por sus ojos. Pues bien, recuerdos como el que hoy traigo aquí representan verdaderos espejos de la memoria familiar y de un pequeño pueblo también, como Ainielle, que en otros tiempos fue hogar de muchas familias y en el que, por suerte, aún seguimos volviendo para disfrutar de sus atardeceres.

Mi madre tiene nueve hermanos. Ocho mujeres y dos hombres, uno de ellos ya fallecido. A día de hoy todas mis tías conocen mi entusiasmo por la fotografía y la historia familiar, que en algunos tramos se vuelve un poco difusa y está cuestionada, algo de lo que hablaré en otro momento porque continúo investigando al respecto. El caso es que una de mis tías, Isabel, guarda el álbum de fotos de nuestro tío Esteban, un hermano de su padre que fue sacerdote Escolapio en Monforte de Lemos (Lugo), y que todos los veranos volvía al pueblo que le vio nacer en 1911, Cubillos del Rojo, para pasar unos días en familia junto a sus padres, hermanos y sobrinos.

Se trata de un viejo álbum que rondará el siglo de antigüedad. Cuenta con una cubierta de piel ya cuarteada y un centenar de hojas unidas entre sí por medio de un cordel marrón. Se aprecia como el paso del tiempo ha deteriorado la cubierta pero el contenido permanece casi intacto, y me ha permitido ver fotografías de mis tías más mayores desde su nacimiento hasta la madurez. Tampoco había visto nunca la imagen de mis bisabuelos Adolfo y Eugenia, no sabía como serían físicamente y gracias a estas imágenes he conseguido ponerles rostro. La parte del álbum familiar prácticamente termina con el nacimiento de mi madre, que fue la hija más joven, en 1957.

Nuestro tío Esteban era tan metódico que dibujó el cementerio de Cubillos con todas sus tumbas y marcó las que ocuparon su madre y su padre. Junto con el álbum también he encontrado un poema que escribió a su madre Eugenia cuando ésta falleció en 1960. Unas palabras en las que describe el profundo desasosiego que le causa su muerte y que muestra la sensibilidad que tenía nuestro tío.

En la mayoría de las fotos escribió la fecha del disparo y en muchas figuran también los nombres de los protagonistas: Toñita, Balbinita, Gerardito, Isabelita… He conseguido que mis tías me hablen de aquellos tiempos y que se busquen entre las imágenes del viejo álbum familiar. También han reconocido a muchas de las gentes del pueblo, ya que el tío retrataba la vida no solo familiar sino también comunal, mostrando labores en el campo y con el ganado. Por lo que la colección tiene, a mi modo de ver, un gran valor etnográfico para el pueblo.

Me han contando anécdotas como cuando a la tía Toñita, la mayor de las hermanas, le picó una víbora durante el recreo de la escuela y han recordado cuando su abuelo Adolfo les regaló la bicicleta junto con la promesa de que les compraría una radio en el momento en el que llegara la electricidad al pueblo. Desgraciadamente eso nunca ocurrió ya que éste falleció en febrero de 1952 y la electricidad llegó a Cubillos tres o cuatro meses después. Precisamente fue el propio tío Esteban quien realizó la instalación eléctrica en nuestra casa y encendió la primera bombilla en el pueblo.

También me contaron lo poco que su su madre Flora les había relatado sobre el paso por nuestro pueblo de la división del ejército de tierra del Corpo Truppe Volontarie italiano XXIII de marzo, entre abril y agosto de 1937. De eso dicen que la abuela prefería no hablar. Yo conocía de sobra el paso de los italianos por Cubillos pero lo que no sabía era que de camino al Puerto del Escudo para dirigirse hacia Santander, los hombres de Mussolini se habían instalado en nuestra casa y le habían requisado el ganado a mi abuela. Mi abuelo se había tenido que alistar en el bando nacional que era el que había tomado Cubillos un año atrás y estaba destinado en Villarcayo. Mientras, mi tía Toñita, que tenía un año, y mi abuela Flora continuaban viviendo en el pueblo. Según les contó la abuela los italianos no ejercieron sobre ellas maltrato alguno y todos los días les guardaban leche para las dos de la cabra que les habían requisado. Del paso de aquel batallón por el pueblo aún queda la placa que instalaron en nuestra casa dando nombre a la plaza del Barrio Santiago.

Además de fotografías familiares, el álbum también lo componen fotografías de los compañeros de nuestro tío Esteban en los diferentes seminarios por los que pasó en La Rioja, Navarra y Madrid. Así como imágenes de sus grupos de alumnos en Monforte desde los años 40 del siglo pasado.

Había oído hablar mucho sobre el álbum pero hasta que no lo he visto no me podía imaginar el verdadero tesoro que guardaba en su interior. Me ha sorprendido el contenido pero también el hecho de que alguien pudiera tener una cámara de fotos en la década de 1930 en un pueblo como el nuestro en el que la mayoría de los habitantes se dedicaban a la agricultura y ganadería. Curiosa también la forma en la que nuestro tío colocaba a los niños para las fotos, en escala según su altura. No dejo de sorprenderme de la dignidad con la que salen retratados tanto los adultos como los niños. En las fechadas en julio del 36 me pregunto si serían conocedores de la revuelta que se estaba preparando. Me pregunto, incluso, si las imágenes habrían sido tomadas antes o después del golpe de estado y si la noticia habría llegado ya hasta el pueblo. Recordemos que no había electricidad aún, por lo que no había radio tampoco. Unas preguntas para las que nunca podré encontrar respuesta.

Aún sigo procesando toda la información que he conseguido estos días pasados pero si tuviera que destacar algunas imágenes en concreto serían las de mi bisabuelo Adolfo y mi abuelo Benedicto trabajando con los bueyes en nuestra era, que hoy es propiedad de mi madre. La cabaña está hoy en día semidestruida y el roble que se plantó a su derecha está desbordado de vegetación. En las imágenes que captó mi tío Esteban en 1944 la cabaña está en pie y del árbol se aprecian las pequeñas ramas de un roble joven que acaba de ser sembrado hace poco tiempo.

El vídeo que dejo a continuación contiene el resumen del álbum. Unas fotos que como rezaba Andrés, el protagonista de La lluvia amarilla, nos permitirán que las viejas imágenes de Cubillos y nuestra familia sigan viviendo en nuestra mirada, en nuestra memoria. Espero que os guste, para mi desde luego ha sido un regalo. ¡Gracias tío!

2 Comments

  1. Me ha encantado. Se nota tu pasión a la hora de conocer la historia y tu mimo cuando te lanzas a contarla. Muchas gracias por este capítulo de tu historia, y un poco, la de todos.

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