Las bonitas casualidades

La mañana de aquel domingo de noviembre había amanecido fría pero muy luminosa. El día era espléndido para disfrutarlo al aire libre pero Daniela, aún a mediodía, se resistía a despertar del todo y remoloneaba en los brazos de su madre. Había pasado una noche revuelta y le costaba abrir sus profundos ojos de un azul intenso, aún sin definir del todo. Solo hacía dos semanas que había nacido de manera prematura y sus formas, aunque perfectas, eran minúsculas: parecía una muñequita.

De repente, entre bostezo y bostezo se revolvió y levantó sus manitas moviéndolas y girándolas como si estuviera bailando. Así, conseguí captar una secuencia de tres disparos consecutivos que para mí resume aquella mañana perfecta. Porque si me tuviera que quedar con un momento de aquella sesión, sería sin duda con esta bonita casualidad.

Pero hubo más disparos aquella mañana. Más momentos delicados y mágicos llenos de ternura como los que recogen estas otras imágenes de Daniela entregándose al mundo por primera vez. Espero que las disfrutéis.

¡Hasta pronto!

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