Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan

“No había nada que hacer, veníamos de ahí, de esa mujer; su dolor no nos sería nunca extraño”

 “Mi madre constituía un campo demasiado vasto, demasiado sombrío, demasiado desesperado: en resumen, demasiado arriesgado”.

A caballo entre la crónica y el ensayo,  Delphine de Vigan desgrana la figura de su madre, Lucile Poirier; su infancia, las complicadas situaciones que giraron en torno a su vida y la difícil relación con esta, en una obra que no es otra cosa que una herida abierta en la que posiblemente escribe a su madre para comprenderla mejor.

Con una narración brillante, de Vigan se purga a medida que revela pasajes terribles de la vida de su madre, una niña prodigio que fue “explotada” como modelo de catálogos infantiles y que más tarde fue protagonista de una vida marcada por el dolor. Los abusos sexuales en el seno familiar, los innumerables suicidios de su círculo más cercano, la incomprensión y abandono de su propia madre, y posiblemente una personalidad ya de por sí abstracta, marcaron según la autora la forma de ser de Lucile que, en un momento del libro, describe así:

“Por teléfono nuestras conversaciones tenían a menuda algo de descosido, de estrafalario, por su culpa, me parecía, por su desorden interior, Lucile abordaba desde siempre temas sin lógica aparente y ponía fin a la conversación de forma precipitada, yo suponía entonces que había dicho lo esencial”.

 Según avanza la lectura de la obra, el lector va comprendiendo la dimensión de complejidad que envolvía la figura de su madre: “La escritura de Lucile (su desorden, sus escollos) muestra la complejidad de su persona”. Y a través de algunos pasajes, el dolor palpitante que la perturbaba queda reflejado de manera clara, como cuando de Vigan recuerda la figura de Niels, una de sus parejas, y los lazos que unían a ambos:

“Lucile compartía con Niels un profundo desasosiego e intensas conversaciones sobre la hipótesis del suicidio. (…) Cuando intento comprender el lazo que unía a Lucile y a Niels, me parece que revestía esa ambivalencia: mi madre sintió una especie de paz, de alivio, teniendo tan cerca a alguien cuyo tormento era al menos tan doloroso como el suyo”.

Niels termina suicidándose. Al igual que ocurre con sus hermanos Jean Marc y Milo, y otras tantas personas cercanas. Gracias a la visión de su hija nos permite comprender hasta qué punto estos acontecimientos destruyen a Lucile y marcan también las vidas de Delphine y su hermana Manon de por vida, convirtiéndolas en víctimas colaterales de esa atmósfera enrarecida.

“Poco tiempo después de la muerte de su hermano, Lucile había escrito en el espejo de nuestro cuarto de baño, con un lápiz de labios color sangre: “Me voy a hundir”. Frente a ese espejo, nos peinábamos cada mañana Manon y yo, con esa amenaza tatuada en el rostro”.

Lucile durante toda su vida escribe. Describe sus crisis psicóticas, algunas vivencias familiares, hechos en los que es testigo y otros protagonista. Y muchos de esos escritos los comparte con su círculo más cercano. Escribe sensaciones, textos sin lógica o quizá con más lógica que lo que puedan parecer a simple vista.

Si algo perturba a de Vigan y lo manifiesta a lo largo de la obra, es la imagen que pueda transmitir de su madre al lector. Se plantea lo que supone este libro para ella misma, para su familia. Cómo lo acogerán, lo que pensarán sobre todos los hechos que en él se revelan, quiere, según manifiesta, “buscar el origen de su sufrimiento –el de su madre– mediante la escritura” y se muestra “aterrorizada ante la idea de traicionar la historia, de equivocarme en las fechas, los lugares, las edades (…), temo fracasar en la construcción del relato tal y como lo había planeado”.

Esta se trata, sin duda, de una lectura perfecta para comprender cómo las vivencias y las diferentes situaciones que se nos plantean a lo largo de la vida nos marcan y nos forjan la personalidad. Cómo, además, existen personalidades complejas, profundas. No podemos asegurar que enfermas -como ella la describe en la obra- pero sí abstractas. Personalidades víctimas del dolor de una familia.

Me doy cuenta cada día que pasa de lo difícil que es escribir sobre mi madre, acotarla con palabras, y de lo mucho que echo de menos su voz”.

La gaviota de la imagen simboliza a Lucile y su torpe pero sincero paso por la Vida.

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