Siempre Sarajevo

Si en mi historia con el Periodismo hay algo recurrente es siempre la vuelta a la memoria de Sarajevo. Fui una niña periodista –término que escuché una vez acuñar a Juan Cruz- que descubrió a una edad muy temprana los horrores de los que son capaces los seres humanos. Recuerdo perfectamente las cabeceras de los telediarios de las nueve de la noche en 1992 mientras la televisión reproducía unas imágenes en escala de grises con destellos azules y blancos. Eran los bombardeos nocturnos sobre Sarajevo. Me impresionó sobremanera aquello. Sólo tenía siete años. Desde entonces no se me ocurriría jamás cuestionar lo que es capaz de entender un niño por corta que sea su edad. Porque al miedo no lo frena ni la edad ni los idiomas.

Al paso de los días situé el lugar en el mapa. Un globo terráqueo, ya viejo y que aún conservo, en el que puede leerse: Yugoslavia. Así, con todas las letras. Un territorio que ya no existe y que aquellos días de 1992 era el infierno.

Me horrorizó descubrir que estaba a las puertas de Europa y sentí pavor imaginando que los escenarios que conocía -mi familia, mi colegio, mi calle, mi ciudad-, pudieran sufrir la misma suerte que los de las personas que veía por la tele. Aquellas personas vestían como nosotros, con las mismas ropas que llevábamos aquí a comienzos de los noventa: vaqueros, zapatillas… sus ciudades eran como las nuestras, modernas. Y sin embargo estaban siendo destruidas. ¿Por qué no podía pasar lo mismo aquí?, pensaba en mi mente infantil.

Sé que soy periodista por Sarajevo, por lo que sentí con todo aquello. Y gracias al Periodismo y a la Fotografía he descubierto a grandes profesionales que cubrieron aquel conflicto. Quisiera hoy destacar entre todos ellos al fotoperiodista Gervasio Sánchez autor de las imágenes que acompañan este texto y que forman parte del trabajo Sarajevo 1992-2008. Se trata de una retrospectiva con imágenes de aquella guerra comparadas muchas de ellas con el mismo escenario en 2008.

Cuando repaso el trabajo de Gervasio recuerdo las palabras del escritor Antonio Muñoz Molina en referencia a su trabajo: “En el disparo de su cámara siempre hay denuncia y siempre hay poesía” y es que hasta en la imagen más atroz, más descarnada, encuentra la manera de narrar de forma digna los conflictos armados mostrando siempre la cara del periodismo comprometido. El propio Gervasio lo cuenta así:

“La guerra de Bosnia-Herzegovina es parte incuestionable de mi vida profesional y personal. He trabajado en decenas de escenarios bélicos en los últimos veinticinco años, pero pocos me han marcado tanto como los desastres ocurridos en el patio trasero de la Europa comunitaria. Allí aprendí que la guerra no se puede contar. Por mucho que apures el bolígrafo, agudices el ingenio o encuadres la realidad nunca conseguirás que el lector conciba la verdad de un conflicto armado. El horror es inimaginable para quién no lo ha vivido”.

 “Dos millones y medio de habitantes (el 60% de la población total) tuvieron que abandonar sus casas víctimas de la limpieza étnica. La mitad sigue viviendo fuera de las fronteras de Bosnia Herzegovina o mantiene el estatus de desplazado interno. 250.000 bosnios fueron asesinados, de los cuales 16.000 eran menores de edad. Sólo en Sarajevo murieron 1.601 niños. Hay más de 25.000 menores huérfanos de padre o madre en todo el país”.


«Hay algo que han hecho todos los ciudadanos: arreglar sus tumbas. Durante la guerra los entierros eran cortos y peligrosos. Los artilleros disparaban contra los cementerios. Los muertos eran enterrados en fosas uniformes. Una pequeña estela de madera con el nombre, año de nacimiento y de la muerte de la víctima señalaba el lugar exacto. Las tumbas se cubrían de nieve durante los terribles inviernos. Nunca había flores «

Nalena Skorupan

Hace casi dos años me reencontré con Gervasio en Bilbao. Volvió para hablar sobre el veinticinco aniversario de la Guerra de Bosnia y nos contó varias historias: las de los niños Nermin Divovic y Edo Osivcic y cómo les siguió en el tiempo y la historia de Nalena Skorupan y el terrible esfuerzo que le supuso hacer esa foto. Hoy, icónica. “Elijo a Nalena Skorupan como símbolo de la tragedia. Su casa recibió el día de Reyes de 1994 un regalo envenenado en forma de proyectil que decapitó a su tía y le produjo serias heridas en el rostro. Aunque solo tenía dos meses de vida no era la primera vez que la muerte la visitaba: su padre murió sin conocerla mientras combatía en uno de los frentes de la ciudad. Quizá por eso Nalena renunció a la vida dos días después del ataque. Su tumba está cubierta por un bancal de cemento y es tan pequeña como lo era su cuerpo”.  Gervasio nos confesó al grupo de personas que habíamos acudido a su charla que, en cada viaje a Sarajevo, sacaba un rato para visitar la tumba de Nalena. Era su manera de agradecerle a la pequeña niña aquella foto que le sacó hace hoy veintiséis años. En definitiva, era su manera para pedir perdón por no haber podido hacer nada por salvarle la vida.

“Aunque no soy culpable es difícil explicar mi convulsión interna. Sé quiénes fueron los principales culpables: los que ordenaron matar y hacer desaparecer a centenares de miles de seres humanos, los que cavaron tumbas en lugares desconocidos. Pero en esta clasificación también incluyo a los responsables políticos europeos de la época. Siento rabia cuando hoy los veo ocupar puestos específicos en el escalafón y justificar su incapacidad (o quizá su decisión) para detener a los principales criminales.”

“Sé que uno de los vicios principales de nuestro tiempo es obviar el pasado, rehabilitar las biografías de los prohombres y convertir el mundo en un estercolero declarativo. Sé que hemos claudicado ante la verdad y que las víctimas son condenadas al ostracismo guerra tras guerra. (…)Sé qué ocurre cada 11 de julio en el cementerio de Potocari cuando miles de mujeres, hombres y niños se reúnen para enterrar los últimos identificados de Srebrenica. Sé que los huesos de miles de bosnios sin identificar lloran en bolsas de plástico que se agolpan en frigoríficos gigantescos en Tutzla. Sé porque lo he visto con mis propios ojos demasiadas veces. Sé porque quiero saber. Porque la memoria y la conciencia son lo único que me queda ate la ignominia y la mentira. Ambas heridas, pero vivas”.

Gracias Gervasio.

Para saber más:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-gervasio-sanchez-testigo-guerra/3332991/

https://www.heraldo.es/noticias/internacional/2017/04/06/bosnia-anos-despues-por-gervasio-sanchez-1168240-306.html

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